Violencia contra la mujer

 

 CONCEPTO DE VIOLENCIA

 

Antes de iniciar este tema es imprescindible establecer la línea discursiva que unifica el pensamiento y explicar  la conexión del feminismo, sexismo y violencia. En primer lugar el movimiento feminista sensibiliza a la sociedad de las diferencias entre los hombres y las mujeres, llamando sexismo al dominio del varón sobre la mujer e identificando donde se encontraban esas diferencias. Como consecuencia de este sexismo, entre otras causas, surge la violencia contra la mujer. Este es el motivo de analizar la violencia en general, y una vez desentrañado este concepto, estudiar la violencia  contra la mujer.

J. Galtung (1985) define la violencia como algo evitable que obstaculiza la autorrealización humana explicando que las personas sufran realizaciones afectivas, somáticas y mentales, (...) por debajo de sus realizaciones potenciales. Así mismo, Jordi Planella (1998) la considera como aquella situación o situaciones en que dos o más individuos se encuentran en una confrontación en la cual una o más de una de las personas afectadas sale perjudicada, siendo agredida física o psicológicamente.

La violencia es la fuerza que se ejerce en contra de otra u otras personas; son acciones intencionales para dañar al prójimo, y admite gradación.

 En el acto violento existen tres componentes:

1º Componente cognitivo (Inteligencia cognitiva)

2º Componente afectivo (Inteligencia emocional)

3º Componente conductual (Comportamiento)

Por lo tanto, cualquier medida que se arbitre para realizar una prevención de violencia en cualquier ámbito donde  se quiera actuar, será necesario tener en cuenta estos tres componentes, porque los tres impregnan de forma unitaria al ser humano.

Andrés Montero (2006) afirma que la violencia es una conducta compleja y aprendida,  adquirida e interiorizada a partir de claves de socialización.  Afirma: “ El ejercicio de violencia sistemática responde a la permanencia de esquemas neurocognitivos que, traduciendo el aprendizaje interiorizado por socialización, están muy vinculados a la identidad individual, que comienza a formarse en la adolescencia temprana y acaba consolidándose en la juventud tardía.”

En esta misma línea  la catedrática de Psicología de la Educación de la Universidad Complutense de Madrid, María José Díaz-Aguado, afirma que la violencia es una conducta compleja, biológicamente sustentada en los correlatos fisiológicos de la agresividad y expresada conductualmente a partir de la interacción de esa agresividad, que forma parte del substrato filogenético, con factores ontogéneticos de socialización modelados a partir del entorno cultural en que está inscrito el sujeto. Es decir, es una conducta social, compleja y aprendida  adquirida e interiorizada a partir de claves de socialización.

Una clase de violencia es la ejercida  sobre la mujer. El “Diccionario Crítico del Feminismo” de las autoras, Helena Hirata, Francoise Laboire, Helene La Doare, y Daniele Senotier, (2002)  expresa sobre las violencias: “Son multiformes las violencias ejercidas sobre las mujeres por razón de su sexo. Engloban todos los actos que, por medio de la amenaza, la coacción o la fuerza, les infligen en la vida privada o pública, sufrimientos físicos, sexuales o psicológicos, con el fin de intimidarlas, castigarlas, humillarlas o que se vean afectadas en su integridad física y su subjetividad. El sexismo corriente, la pornografía, el acoso sexual en el trabajo, forman parte de ello.”

Gómez Sola (2001) denomina violencia de género “a la que sufren las mujeres por su condición de mujer y como consecuencia del rol que desempeñan en nuestra sociedad. Es una violencia sexista, específica y con rasgos diferentes a otro tipo de violencia”. No sólo es violencia la agresión física, sino el maltrato psicológico y sexual. Una manera de prevenir esta violencia y conseguir cambios en la sociedad es la educación en igualdad de niños y niñas.

  Día Aguado M. J. (2006) en “Sexismo, violencia de género y acoso escolar. Propuestas para una prevención integral de la violencia. Revista de Estudios de Juventud. Nº 73” afirma que el sexismo está íntimamente relacionado con la violencia, ya que en el sexismo incluye diversos componentes:

1º el cognitivo, confundiendo las diferencias sociales o psicológicas entre los hombres y las mujeres con las diferencias biológicas. Estas creencias llevan a menudo a considerar a las mujeres inferiores a los hombres, y de esta manera se justifica la discriminación y la violencia; estas creencias subyacen en todo tipo de violencia, por lo que el sexismo es una forma de violencia.

2º el  afectivo, ya que al construir la identidad se asocia como valores femeninos la debilidad y la sumisión y como masculinos con la fuerza, el control absoluto y la dureza emocional y la utilización de la violencia cunado el hombre se siente amenazado. Este componente permite explicar la relación que suele existir entre la forma sexista de construir la identidad masculina y la mayor parte de la violencia ejercida por los hombres, así como la mayor tendencia en las mujeres de sentirse culpables y con tendencia a la depresión.

3º el  conductual, consiste en la tendencia a llevarlo a la práctica con la discriminación y la violencia.

Desde el comienzo del sexismo se plantea una dualidad, tanto en asumir unos valores asociados a la identidad, como en el espacio reservado a los hombres y a las mujeres, asociando el espacio público con los hombres y relegando a las mujeres sólo al ámbito privado.

Valor Segura y Expósito (2006) de la Universidad de Granada exponen que la violencia se ha convertido en una característica central en la sociedad actual, y esta violencia está presente en muchos hogares. Analizan la relación entre sexismo y otras variables sociológicas como la religiosidad, las creencias, la cultura del honor, con las actitudes hacia la violencia doméstica.

La investigación desarrollada mostró que las mujeres presentaron reacciones negativas ante la violencia doméstica considerándolas como hechos muy graves mientras que los hombres atribuyeron menos credibilidad a las victimas y mostraron una tendencia mayor a justificar la agresión.

 Como conclusión práctica del estudio realizado proponen establecer estrategias que eliminen la violencia de género. 

La violencia doméstica no sólo es la muerte de la persona; la violencia se manifiesta  de diferentes maneras, tiene distintas caras, todas perversas. Hernández Morales G. y Jaramillo Guijarro C.  (2002) en “Intervención en las actitudes sexistas, en los valores y en las creencias” afirman: “Ejercer violencia es imponer pensamientos y valores con la fuerza, es hacerse valer con el miedo, es no entrar a dialogar, es excluir e infravalorar todo lo que pone en cuestión el poder de quien la pone en marcha y la utiliza.” 

Hoy, a igual que en el pasado, se sigue utilizando la violencia para imponerse a los otros, normalmente se busca al más débil, al que se puede intimidar, al que en un conflicto adopta una actitud menos beligerante, y por desgracia, nuestra cultura ha identificado ser mujer con debilidad y ser hombre con la fuerza, el dominio, y sobre esta premisa se ha hecho historia, política, normas.

 

¿POR QUÉ EXISTEN ACTOS VIOLENTOS?

 

La violencia se aprende, y este aprendizaje se produce en la familia, en la escuela, en los medios de comunicación, y/o desde la publicidad. Todo ser humano construye su personalidad y en esta construcción de la personalidad individual,  un proceso muy complejo, influye  el sustrato biológico constitucional que trae al nacer, las experiencias tempranas, los agentes de socialización, la educación, etc.

En la socialización de la violencia, influye como en todo proceso de socialización, de manera determinante la endoculturación y la educación.

La endoculturación es el proceso de aprendizaje mediante el cual la población adulta transmite a los más jóvenes los modos tradicionales de pensamiento y conducta.  Es una de las formas más efectivas de transmisión de una determinada cultura.

 La educación, como método sistematizado de aprendizaje transmite una serie de enseñanzas impregnadas de todas las premisas culturales donde la persona  nace.

Estas enseñanzas se transmiten a todos y a todas, pero cada persona construye activamente su propia  realidad, recibe las mismas influencias, pero cada individuo  es el verdadero constructor de su propio yo.

La mayoría de los procesos de socialización reprueban y sancionan por medios explícitos e implícitos la violencia en las relaciones interpersonales.

Albert Bandura (1990) explica la violencia postulando un sistema autorregulatorio de control moral construido durante el aprendizaje en el desarrollo del individuo, propone que existen unos mecanismos de desconexión moral que posibilitarían al sujeto realizar conductas violentas, contrarias a las normas aprendidas, como la reconstrucción conductual, el desplazamiento de la responsabilidad la minimización, la deshumanización o el autoengaño. De esta forma, las personas sin patología mental, la violencia se convierte en personal y socialmente aceptada por medio de una reestructuración cognitiva donde se altera el valor moral previamente atribuible al comportamiento agresivo. Es decir, el individuo percibe y recibe actitudes violentas, que son reprobadas por la misma sociedad que las genera. Es el mismo quien va a formar sus estructuras mentales, sus valores  manifestados  en sus conductas.

La sociedad reprueba o sanciona los conocimientos  adquiridos por el alumnado, les pone el tinte moral de lo que está bien o mal, a través de la educación llega a la persona, y ésta, con sus características propias, hace suyo el aprendizaje, y formará los valores que serán normas de su conducta. Y esto sirve de justificante a las personas violentas porque suelen creer que su violencia está justificada,  hará un cambio de  los valores  y el mismo se ve como un héroe y a la victimas como un seres despreciables e inferiores.

Al principio se manifestó que la violencia se adquiere en todos los ámbitos de socialización del individuo, pero de manera muy significativa,  en la socialización de los primeros años, y ésta  se transmite  preferentemente a través de la familia.

Yanes y González (2000) realizaron una investigación  en donde se analizó los correlatos cognitivos asociados a la experiencia de violencia interparental confirmando la existencia de  una relación compleja entre el nivel de violencia interparental al que se han visto envueltos, sus creencias acerca del papel de la mujer, y sus juicios respecto a distintos conflictos de pareja. Es decir,  la violencia depende de la violencia vivida en la familia, de los estereotipos que se tengan con relación a la mujer y de las creencias, siendo posible que éstas afecten a la construcción de las experiencias pasadas.

El clima familiar es uno de los factores más fuertemente vinculado con la violencia. Las carencias afectivas, los castigos físicos, las peleas y enfrentamientos entre padres y madres, e hijos e hijas son algunos de los episodios que enrarece la vida de familia y pueden marcar el futuro de las relaciones sociales de sus miembros. Familias conflictivas que solucionan los problemas con violencia, dejan un poso en los hijos y las hijas, un aprendizaje de cómo resolver los conflictos, pero además, muchas de las escenas de violencia  en los hogares, no se deben a la gravedad del problema, sino a la falta de recursos para resolver los conflictos.

 No mantener ningún tipo de relación con las familias y pasar largos periodos de tiempo ante el ordenador con juegos violentos, o películas agresivas, produce desajustes emocionales, que impiden un buen aprendizaje en las relaciones sociales.

 Es fundamental el papel de la familia en las conductas agresivas de los niños y/o de las niñas. Familias con intensos conflictos en la pareja,  en la que uno de ellos manifiesta poca estima por el otro, los que en su hogar alguno de  los progenitores manifiesta inconformidad con su rol, los que se muestran en desacuerdo con los métodos de educación o los padres o las madres no muestran signos afectuosos entre ellos, producen niños y niñas  agresivas  y con sentimientos de rebeldía. Investigaciones como las desarrolladas por Cortina Gutiérrez (1998), La Encuesta de violencia Intrafamiliar realizada por UNICEF, los trabajos  de Rolan (2004), las investigaciones  de Chistina Salmivalli (2004), todos ellos expuestos  por Silvia Ortega, Marco Ramírez y Adrián Castelan (2005) en al “Revista Ibero Americana”, confirman lo anteriormente expuesto.

La profesora Dra. María José Díaz-Aguado, (1996) escribe: “Los estudios sobre las características de los adultos que viven en familias en las que se produce la violencia reflejan que con frecuencia su propia familia de origen también fue violenta...”conviene dejar muy claro, sin embargo, que la transmisión del maltrato no es algo inevitable. La mayoría de las personas (en torno al 70%) que fueron maltratadas en su infancia no reproducen dicho problemas con sus hijos (Kauffman y Zigler, 1987)” 

Otro de los ámbitos de aprendizaje de los niños y las niñas es la escuela, un ámbito rico de interacciones personales. Los cambios tecnológicos, culturales, políticos y sociales piden nuevos retos a la educación, que debe formar personas capaces de aprender a aprender y con una sólida formación en valores.

En todos los ámbitos, y por lo tanto, en el medio escolar, los conflictos convivenciales están surgiendo y adquiriendo una dimensión alarmante, sin duda reflejo de la sociedad actual.

En la escuela está apareciendo violencia debido a la escolarización de alumnos de diversas edades, con grandes diferencias sociológicas, étnicas, y culturales, que vienen con  situaciones violentas aprendidas, y está violencia, se está generando contra todos los componentes de la comunidad escolar.

Cada vez más existe la opinión que educar en el conflicto es necesario y perfectamente compatible con la no violencia y la paz. No se puede confundir violencia con conflicto, porque el conflicto está presente en las relaciones humanas y la violencia es una forma de resolver el conflicto.

El Conflicto es un hecho inherente a la interacción humana porque la diferencia de opiniones, deseos e intereses son inevitables entre las personas. Un conflicto puede resolverse de forma no violenta, ya que se puede cambiar sin necesidad de salir perjudicado, ni ser agredido.

La violencia dentro de la escuela puede ocurrir entre un individuo y otro, entre grupos, o implicar a un conjunto escolar e incluso a la institución en su totalidad. Roland y Galloway (2002) expusieron que la violencia en un grupo escolar se presenta con mayor probabilidad cuando existen castigos como única respuesta o también cuando el profesor no logra establecer un liderazgo basado en el fomento de trabajo en grupo.

 Es necesario formar al profesorado en todos los aspectos y también para atender a las situaciones de conflictos cotidianos.

En el proceso de socialización, dependiendo de la edad de la niña o del niño, influirá más un sistema u otro. Nadie duda que en los primeros años, la influencia familiar se establece casi en exclusiva, para ir disminuyendo hasta llegar a la adolescencia en que el grupo de iguales juega un papel importante, situación ineludible en  el estudio de la socialización.

En educación es fundamental conocer este entramado, ver las relaciones que se establecen ya que, éstas irán construyendo la personalidad social del alumno/alumna. Conocer estas relaciones en los ambientes en que el niño/niña se desarrolla nos permitirá construir un buen modelo organizativo, una planificación  superadora de  la violencia, y permitirá una intervención positiva para formar a la persona,  fin último de la educación. Ayudarles a ser personas. Díaz Aguado (2003) propone “una redefinición de los papeles que juegan maestros, alumnos y compañeros, incrementando la cooperación entre los distintos agentes educativos y dando a los estudiantes un papel más activo en su propia educación.”

Pero la escuela no puede entenderse como un ámbito cerrado, sino como un cúmulo de interrelaciones fluidas inter-escuela e inter- sociedad en la que se ubica.

La violencia en este contexto puede explicarse, de una parte, por las características de la institución y por otra, por la violencia generada en la propia sociedad, violencia que traspasa las puertas de esta institución donde han desaparecido los roles tradicionales establecidos.

La agresividad en la escuela manifestada por muchos/as alumnos/as podrían tener como base problemas personales, y relacionales, y por otra parte la propia escuela. Estas causas no son independientes entre sí sino que se dan interrelacionadas. La escuela y la familia deben enseñar las habilidades humanas críticas que el alumnado necesita para que su vida sea más segura, feliz, y sana.

La falta de valores, normas, y reglas escolares, los problemas personales del alumnado, la estructura rígida y domínate de la escuela, la falta de motivación, la sensación de fracaso, la agresividad  percibida en la sociedad, son algunas de las causas que provocan violencia.

Ante el aumento alarmante de brotes de violencia en jóvenes se intenta buscar las causas y se dan normas en los Centros educativos para atajar dichas conductas. Pero una norma no se sostiene por sí misma y la juventud para cumplirla, la tiene que tener como norma interiorizada, no como norma impuesta.

 Es necesario (desde la escuela) presentar (al alumnado) ideales, enseñarles a ser personas activas, diligentes amantes de la ciencia, personas cultivadas en todos los aspectos de la personalidad. Es necesaria la educación  en valores.  

 

VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES

 

La violencia ejercida contra la mujer busca dominar y someter a las mujeres, anularlas en el ámbito interpersonal, fracturar su identidad y su personalidad.

Las tácticas de ejercer esa violencia son muy variadas, y pueden ser actitudes de aislamiento progresivo, limitación de conductas, devaluación personal, agresiones verbales, negación de las emociones, como agresiones sexuales, agresiones físicas, coacciones, manipulación de los hijos, etc.

Esta  violencia  está íntimamente relacionada con las diferencias de género de estatus y poder entre los hombres y las mujeres y suele legitimarse.

La violencia hacia la mujer es independiente del estatus económico de la pareja, es decir, se da tanto en las clases con poder adquisitivo alto o con un nivel bajo y también depende de la  edad. Hoy nadie duda la  existencia de pautas culturales, ligadas a la educación de género, que se encuentran en la raíz de la violencia masculina. Se habla que de padres maltratadotes, los hijos suelen ser también maltratadores, es lo  conocido como transmisión intergeneracional del maltrato. También hay investigaciones,  realizadas por la profesora doctora María del Mar González de la Universidad de Sevilla, donde se puede leer que, en el caso de hijas maltratadas, cuando son mujeres adultas, la posibilidad de ser mujeres maltratadoras es cero o de frecuencia baja, y, de maltratar siempre, absolutamente siempre, lo hacen como defensa, con lo cual, ya no es maltrato sino defensa propia. Pero, en el caso de hijos maltratados, el porcentaje de que se conviertan en hombres adultos maltratadores es elevadísimo.

 Sin embargo, desconocemos el peso de este factor y en qué medida está presente en la historia de socialización de un adolescente.

Lo evidente actualmente  es la existencia  en los adolescentes de la violencia contra la mujer.  La universidad de Almería siguiendo el modelo de Partto y Walter (2004), según el cual la violencia hacia las mujeres representa una forma de perpetuar el poder de los hombres y los roles de género establecidos, manteniendo inamovibles las desigualdades de poder percibidas por hombres y mujeres concluyen: “Un 12% de los adolescentes almerienses reconocía haber maltratado a su pareja. Aparecen en los chicos creencias y actitudes claramente sexistas.”

 González García, J. L. (2006) concluye su trabajo sobre el conocimiento de  las creencias y actitudes de los jóvenes cántabros ante la violencia de género con el objetivo de aplicar políticas preventivas y correctoras afirmando que el 23 % de las jóvenes con pareja tolera comportamientos que se pueden consideran como violencia de género, como maltrato físico, control de las llamadas de móvil, forzar relaciones sexuales…El 72% de los encuestados afirma haber recibido insultos verbales, psicológicos y físicos de su familia.

El trabajo realizado en Almería y la investigación de Cantabria confirman la existencia de actitudes sexistas en los jóvenes, consentidas en muchos casos por las adolescentes.

Entre los aspectos positivos del estudio hay merece mencionar que los/las  jóvenes asumen la igualdad de valores y género como algo natural. Pero sigue existiendo esa violencia contra la mujer basada en creencias sexistas, no en el llamado sexismo hostil, todavía vigente, sino en el sexismo benevolente.

 

LA IMPORTANCIA DE ENTENDER LAS EXPLICACIONES DE LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER.

 

Hay muchas teorías para explicar esta violencia, y de ellas se van a analizar algunas que pueden aportar luz sobre este hecho sin  jutificación alguna dentro de la racionalidad.

Ferrer Perez, V. A.; Bodch Fiol.E.; Ramis Palmer, M.C. y Navarro Guzmán, C.  (2006), afirman que los primeros modelos explicativos sobre violencia contra las mujeres en la pareja eran unicausales y consideraban su origen en las características individuales de las mujeres y/o de los varones.

Los modelos actuales para   explicar este problema,  dan el  predominio a modelos  multicausales  (Berkowitz, 1996, Echeburúa y Fernández. Montalvo, 1998).

Pero conociendo la  existencia de  muchas causas para explicar estas conductas, en la base de todas ella se encuentra una concepción sexista de los agresores, estrechamente ligada al modelo masculino tradicional.

Se ha señalado como una de las causas más importante de la violencia de género la diferencia entre mujeres y hombres en cuanto a estatus y poder (Expósito y Moya, 2005; Gerber, 1995; Morilla 2001), y esta teoría está confirmada por la realidad, aunque no lo explica todo. Hasta hace poco años en la parejas, el prestigio social, el profesional y el poder económico lo ostentaba el varón, siendo la mujer beneficiaria de ello, no por mérito propio, sino por ser la pareja del varón. Pero esto ya no es real, porque muchas mujeres han adquirido ese prestigio por méritos propios.

Siguiendo a algunos/as autores/as como Glick y Fiske, 1996; Expósito, Moya Y Glick 1998, el sexismo se refiere tanto a una actitud negativa como positiva, es decir es ambivalente, pues incluye tanto aspectos positivos como negativos hacia las mujeres. La investigación sobre creencias y actitudes sexistas denota la existencia de un efecto de género tanto en adolescentes como en poblaciones adultas. Los chicos son significativamente más sexistas que las chicas (Lameiras y Rodríguez, 2002) y tiene más actitudes benevolentes hacia los hombres que las chicas. Las mujeres y las chicas se muestran más favorables que los hombres y los chicos hacia la igualdad de hombres y mujeres en el reparto de tareas del hogar y en la toma de decisiones en la familia y hacia la participación de las mujeres en la vida pública y en los puestos de responsabilidad (Díaz-Aguado, 2003; Días-Aguado y Martínez 2001; Expósito, Moya Y Glick, 1998; Gómez Esteban 1995; Moya y Expósito 2000). Es decir, hoy en pleno siglo XXI, los adolescentes, a pesar de ser más igualitarios en algunas actitudes, muestran reticencias a la participación de la mujer en la vida pública y en puestos de responsabilidad.

Díaz Aguado (2006) informa: “los estudios realizados reflejan que aunque en los últimos años se ha producido un avance considerable en la superación del sexismo entre adolescentes, dicha superación dista todavía mucho de ser total y de estar suficientemente arraigada en la identidad como para mantenerla en situaciones críticas, especialmente entre ellos.” Quizás sea debido a la mayor presión social para el estereotipo masculino que para el femenino, a que las adolescentes ven la superación del sexismo como una ventaja frente al hombre que lo ve como una pérdida.

Otra de las causas para explicar la violencia de género es las actitudes y creencias tolerantes con la violencia contra las mujeres en la pareja (Heise ,1998; Heise y García Moreno, 2003; Sanmartín, Farnós, Capel y Molina ,2000).  

Los varones mostrarían actitudes más tolerantes que las mujeres hacia los maltratadores y hacia la propia violencia en la pareja (Locke y Richman, 1999; Harris y Cook, 1994 Markowitz, 2001).

Las creencias sobre los roles tradicionales, la subordinación de las mujeres a los varones, la restricción de los derechos de las mujeres y la dominación masculina estarían relacionados con la tendencia a culpabilizar a la víctima a legitimar las actitudes y comportamientos de los maltratadotes y a sostener mitos sobre la violencia de género (Berkel, Vandiser y Bahner, 2004).

Entre las causas de esta violencia se oyen voces denunciando la globalización como extensión del capitalismo a todo el mundo, a todo el planeta, buscando la producción y el crecimiento económico a costa de lo que sea. Esta globalización está produciendo injusticias y a deshumanizaciones en algunas situaciones.

¿Qué causa es la que produce la violencia? No se puede priorizar ninguna, pues son una y son todas. Es pérdida de valores, es herencia de actitudes, es dominio, es transmisión de sexismo, es no querer perder el estatus adquirido, es evolucionar en acomodación a las nuevas líneas de pensamiento más lentamente el hombre que la mujer y no adaptarse a los tiempos actuales…

  No se puede pretender adquirir la igualdad aparente, sino una igualdad real que evite ese dominio de un sexo sobre otro, que impida la violencia, toda clase de violencia. Hoy las mujeres han accedido a todos los estudios y puestos de trabajo y las aspiraciones de las adolescentes no se diferencian en nada a las de sus compañeros pero es cierto que sigue existiendo el techo de cristal, debido, quizás, según teorías existentes,  a que la mujer trae una  larga tradición vinculada sólo al ámbito privado y no ha podido conciliar bien el ámbito público con el ámbito privado, o bien,  por los reductos de paternalismo existentes en algunos hombres.

 Actualmente se detecta un tránsito paulatino desde posturas más tradicionales, (la mujer sólo en el ámbito privado, casi sin derechos, invisible en todos los aspectos) a posturas más igualitarias, pero es necesario seguir trabajando para conseguir una sociedad más equitativa entre hombres y mujeres, la igualdad construida desde el reconocimiento de la diferencia individual, con independencia del género.

 

 

CONSECUENCIAS DE LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER

 

Toda violencia, sea del tipo que sea, tiene consecuencias negativas en la persona agredida. Hay una pérdida de autoestima, miedos, depresiones, conductas inadecuadas, en definitiva, un deterioro en la salud.  Y toda violencia contra la mujer, por ser violencia, tiene consecuencias negativas en ellas

  Calvete, E.:   Estévez, A. y Corral, S. (2007) evidenciaron que el 67.54% de las mujeres victimas de violencia por sus parejas tenían Trastornos por Estrés Postraumático. También comprobaron la asociación entre síntomas del Trastorno por Estrés Postraumático (TEP) y esquemas cognitivos disfuncionales en víctimas de violencia por parte de la pareja.

Markus y Tafarodi (1992) observaron como las diferencias de género potenciadas en las aulas  influyen en la autoestima de los hombres y de las mujeres y en la confianza en ellos mismos o ellas mismas. Forman una identidad femenina desvalorizada en la que se interioriza la inferioridad respecto del género masculino.  Esta violencia basada en actitudes sexistas, ejercida contra las mujeres, es precisamente, el condicionante de  que algunas  mujeres se culpabilicen en situaciones de violencia, dañando su salud emocional, soportando conductas inapropiadas, situaciones de acoso, violencia física y el punto final, la muerte.  

La publicidad engañosa está produciendo violencia contra la mujer, basada en actitudes sexista provocando trastornos en la salud de las niñas. En este sentido, la profesora doctora María José Díaz Aguado (2006) expresa: “se observa en las adolescentes un significativo incremento de problemas de autoestima y de rechazo de la propia imagen corporal a partir de la pubertad, que pueden originar graves problemas como la anorexia y en los que influye de forma especial la publicidad y determinados mensajes de los medios de comunicación que presentan una imagen ideal corporal imposible de conseguir o incompatible con la salud. “

Y como última consecuencia de esta violencia, la muerte de mujeres a manos de sus parejas, una realidad  creciente,  la punta del iceberg de la violencia contra muchas mujeres, que permanece oculta.  Porque violencia contra la mujer no es sólo la muerte de ésta, es todas y cada una de las conductas del hombre contra la mujer basada en el dominio y control, es ser tratadas como propiedad, es la aplicación de creencias y valores de fondo sexista, es privarlas de los derechos. Derechos asociados por el hecho de ser “persona”.

 

VIOLENCIA SEXISTA EN LA ESCUELA

 

Se debería considerar la violencia sexista un subgrupo dentro de la violencia escolar. Se habla de violencia entre iguales, acoso, violencia entre el profesorado y el alumnado y se debería hablar de violencia sexista, porque las actitudes sexistas son la base de muchos comportamientos agresivos de chicos y chicas.

Ya se ha comentado anteriormente que en la socialización del niño y de la niña influye la familia, el grupo de amigos, los medios de comunicación, y la escuela. Y esta, la escuela, no es neutral, porque todos los grupos de la sociedad influyen en ella, asimila los valores imperantes y ella misma, incide en la sociedad, formando un círculo e influyendo una en otra y viceversa.

Si en la sociedad existe presión desde la infancia encasillando en unos estereotipos que deforman a la niña (sumisa, dependiente, generosa, frágil, seductora) y al niño (independiente, poderoso, activo, autosuficiente…), la escuela transmitirá estos estereotipos. Si desde pequeñas, desde la literatura clásica infantil,  en los juegos diferenciados a niñas y niños,  en los mensajes a veces subliminales de los medios de comunicación se trasmite esta violencia sexista, la escuela la enseñará al alumnado Esta violencia entendida como imposición, genera actitudes que fomentan la sumisión en las niñas y adolescentes y la dominación en los niños y los adolescentes. Pero la mayor violencia que se puede ejercer desde el ámbito escolar es asumir  estos comportamientos como naturales, no verlo como estereotipos impuestos, no plantearse  simplemente la posibilidad de   actuar de otra manera.

A raíz de esta realidad, nos hacemos la siguiente pregunta, ¿cómo se transmiten estas actitudes en las escuelas?

Se transmite de diversas formas o desde distintos ámbitos:

En la organización del sistema educativo asignando al hombre las funciones de control y de dirección, en las estructuras de las programaciones, en el currículo, en la orientación profesional, etc.

En el comportamiento de los/las  enseñantes con los niños y las niñas. Los estudios de Spaulding de Sears, (1974) mostraron que los profesores y las profesoras alientan la expresión personal en los niños y el retraimiento en las niñas;  se estimula más la creatividad en los niños que en las niñas; éstas se ven subvaloradas con mayor frecuencia que los niños; se le tacha de ignorantes o de incapaces con más frecuencia a las niñas  que a los niños.

Entre las relaciones de los alumnos y las alumnas. Mollo (1970)  observó que en la mayoría de los casos los niños monopolizan el patio de recreo para sus juegos mientras que las niñas quedan reducidas al papel de simples espectadoras. También monopolizan los juegos eléctricos o los ordenadores

En el uso del lenguaje, primeros aprendizajes inconcientes donde las niñas asumen su invisibilidad.  Montserrat Moreno (1989)) afirma: “..Permanecerá toda su vida frente a una ambigüedad de expresión a la que terminará habituándose…”.

En los libros de texto, reproduciendo  con imágenes y contenidos los roles tradicionales de hombres y mujeres, e ignorando las aportaciones de éstas a la historia.

En la atención prestada por el profesorado a uno y a otro sexo. Los niños, reciben la atención del profesorado en una proporción  de 74/100

En el currículo oculto,  inconscientemente transmite estereotipos relacionados con la dominación/sumisión.

En el uso de la palabra, los chicos hacen más uso de la palabra que las chicas, se muestran más visibles. Ellos lo hacen sin particular conciencia del abuso y las chicas permiten que lo hagan.

Stanwworth (1981) demostró que en la clase, los docentes reproducen el sistema jerárquico de divisiones y de clasificaciones de género, no se lo cuestionan sino que lo refuerzan y esto ocurre a pesar de que en su discurso propician la igualdad entre los sexos. Estas conductas, siguiendo esta investigación se dan de forma invisible, pero de manera eficiente.

Es digno de resaltar el trabajo realizado por Rossetti en 1994. Constató que las niñas, a pesar de recibir menor atención de sus profesores, tienen un rendimiento algo superior al de los niños. No obstante, en los docentes predomina la idea de que son estos últimos lo que tienen mejor aprovechamiento. En la investigación “se preguntó a una profesora de matemáticas de enseñanza media, que dijera nombres del alumnado que tuviesen mejor rendimiento. La profesora nombro a dos hombres y destacó a uno como muy inteligente. Sin embargo, concluyó que ganan las mujeres en rendimiento al grupo de los hombres; es decir, primero expresó una clasificación (el hombre es mejor intelectualmente), para después decir algo real, las niñas tienen mejores rendimientos. 

Para paliar estas actitudes se propone fomentar la afectividad y el tener en cuenta a los demás, y potenciar en los chicos y en las chicas la asertividad.

Será necesario formar la identidad, la autoestima, fomentar el respeto y el cuidado del propio cuerpo, hacer reformulaciones curriculares, valorar el aporte de las mujeres a la vida, fomentar la paz, la solidaridad.  Evitar las actitudes sexistas, combatirlas en todos los sectores y potenciar el dialogo, la negociación, la solución de conflictos. Si conseguimos erradicar estos sentimientos de poder y de dominio, evitaremos muchos sufrimientos provocados por la violencia y morirán menos mujeres a manos de sus compañeros.

 

 RECONOCIMIENTO DEL PAPEL DE LA EDUCACIÓN EN LA LEY DE PROTECCIÓN INTEGRAL CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO.

 

La Ley de Medidas de Protección Integral contra la violencia de género de 2004 no sólo se ocupa de dicha violencia sino también afirma  que los poderes públicos deben adoptar medidas de acción positiva tanto de sensibilización como de educación, incorporando en el currículo la igualdad de hombres y mujeres y la designación de un miembro en el Consejo Escolar que impulse estas medidas de acción positiva.

La Ley Integral contra la violencia de género deja claro las medidas de protección a las victimas y en las consecuencias que para los hijos e hijas de éstas se derivan, pero en el ámbito educativo se queda un poco corta porque no aclara las medidas preventivas que se deberán potenciar y los problemas planteados en temas de igualdad entre hombres y mujeres.

Desde el año 1994 las competencias en materia de igualdad de oportunidades están transferidas a la comunidades autónomas y actualmente todas ellas cuenta con organismos de igualdad que desarrollan políticas específicas orientadas a las mujeres y  desde el año 2000, los organismos públicos y las administraciones educativas de las comunidades autónomas han intentado dar respuesta.

En Andalucía, única comunidad autónoma que así lo ha previsto, se considera la prevención de la violencia de género dentro la educación para la igualdad de oportunidades para ambos sexos, e incluso propone la presencia en cada centro de un profesor o profesora responsable en materia de coeducación.

Otras comunidades dentro del área de innovación educativa  desarrollan programas para la coeducación, como en las Islas Canarias, Cataluña, Galicia, País Vasco, que incluso han editado materiales, guías para el profesorado, etc.

Muchas comunidades han desarrollado programas preventivos, materiales experiencias, concursos, siempre basados en la creencia de relacionar  la violencia de género con  las relaciones  asimétricos de poder entre hombres y mujeres , favorecidas por pensamientos y actitudes sexistas muchas veces interiorizadas de manera inconsciente.

Pero no sólo trabajan sobre este tema las Instituciones oficiales, también  han realizado una gran labor las asociaciones o sindicatos. Hay que destacar Fundación Mujeres y la Federación de Mujeres Progresistas.

Las asociaciones creadas por y para hombres tienen como objetivo erradicar la violencia contra la mujer e incluso el Ayuntamiento de Jerez, incorpora en su estructura el Programa de Hombres por la Igualdad, paralelo al Departamento de la Mujer. En varios lugares de Andalucía, surgen grupo de “hombres contra la violencia” En Málaga  se ha creado la Asociación de Hombres por la Igualdad de género fundada en 2001 sobre dos principios básicos: 1º buscar nuevas formas de ser hombre construyendo un modelo positivo, respetuoso, igualitario y más libre y 2º luchar contra todo tipo de discriminación en razón de sexo.

La Universidad de Sevilla ha creado El Aula De Género, Pablo Olavide, dependiente de la Unidad de Promoción Social y Cultural de Vicerrectorado de Promoción Social y Extensión Universitaria, que promueve actividades de formación, difusión, investigación y extensión con el fin de satisfacer la demanda social y potenciar la acción social que supone la implementación de la perspectiva de género. Esta aula no se limita solo al campo académico-científico, sino que amplia sus actividades al terreno de la intervención social y a instituciones involucradas con actividades relacionadas con la coeducación 

También han proliferado investigaciones, estudios e informes, aunque las aportaciones teóricas sobre la prevención de la violencia contra la mujer desde el proceso educativo son recientes y poco abundantes, unas analizando la situación estudiando al alumnado o profesorado,  otras haciendo referencia a la construcción de la masculinidad o feminidad desde la educación, o bien reflexionando sobre las relaciones.

 La “plataforma de mujeres contra la violencia sexista” se creó en Enero de 1998 con el objetivo de aunar esfuerzos, planteando propuestas de urgencia,  prevención y protestas ante la lentitud con que se adoptan las medidas.

La violencia sexista no se debe seguir considerando como un tema relacionado con el ámbito privado, sino que se deben adoptar medidas públicas y sociales que posibiliten su erradicación 

Entre las medidas propuestas en las últimas  leyes:

1º) Un protocolo de actuación interinstitucional de coordinación para la atención a mujeres victimas de malos tratos y/o agresiones sexuales.

2º) Medidas jurídicas con información, medios humanos y económicos, tramite de urgencia, existencia de Juzgados únicos, atención medica inmediata…

3º) Medidas de atención a la Mujer con centros de Atención, casa de Acogida y pisos de emergencia con ludo guardería.

4) Prestaciones económicas, Formación y Empleo, acceso a vivienda, asistencia psicológica, atención al ocio y tiempo libre, información y sensibilidad social, programas específicos para mujeres inmigrante, programas para atender a maltratadotes.

 Tengo otro blog: El mosaico educativo blogspot.com

CONCLUSIONES FINALES

 

En este capítulo se ha tratado sobre la violencia ejercida sobre la mujer, se ha apuntado entre las causas de esta violencia las actitudes sexistas existentes en la sociedad, se ha analizado algunas consecuencias,  consecuencias siempre desastrosas en la vida de la mujer, y se ha analizado algunas de las medidas tomadas para  paliar estas desigualdades. Pero siempre surgen dudas y preguntas como:

¿La sociedad es consciente de la dimensión real de este problema? ¿Las muertes de mujeres por sus parejas, noticias aireadas  en los medios de comunicación representan toda la violencia de género? ¿No hay detrás situaciones, que sin llegar a la muerte, provocan consecuencias muy negativas en la vida de las mujeres? ¿No se intentan desde voces “cualificadas”  justificar estas muertes por los comportamientos de las mujeres?  ¿Se creen estas personas que ejercen la violencia dueños del cuerpo y alma de las personas consideradas como débiles?

¿Qué hace la sociedad, no para mitigar sino para prevenir estas situaciones? ¿Se hace una denuncia correcta de estas situaciones, o se está desensibilizando a la sociedad ante este hecho? ¿Cuándo se produce una agresión se toman las medidas necesarias para que esto no ocurra más?

Es un tema que aún no ha calado en la sociedad como problema real y acuciante, y sólo se produce un rechazo inmediato ante las agresiones sin tomar en serio la prevención de esta violencia contra la mujer.

Viendo la necesidad de realizar actitudes preventivas para desterrar las actitudes sexistas, conseguir la igualdad y erradicar la violencia contra las mujeres, en imprescindible proponer actuaciones para educar a todas las personas en estos valores.

  Si  “el objetivo de este trabajo es determinar el sexismo existente en los jóvenes de la Comunidad Autónoma de Murcia, y una vez detectado, proponer acciones contra  esas actitudes sexistas y establecer programas donde los valores imperantes  sean el de igualdad y justicia”  no se podía terminar estas reflexiones sin analizar algunas medidas educativas para prevenir este problema y buscar las más importantes para hacer un programa educativo.

Hay actitudes sexistas,  sexismo hostil y benevolente en los y las jóvenes actuales, hay violencia de género oculta y visible y ante estos hechos la sociedad no puede permanecer inactiva. Tiene que poner todos los medios, desde todos los ámbitos para eliminar esta lacra.